"El hecho de subir montañas ha cambiado mi vida desde hace mucho tiempo. La sencilla forma de andar, de caminar con poco equipo, en un comienzo fue formidable. La curiosidad de la travesía y de la Cumbre: qué paisaje se podrá observar, a qué altura estaré, qué silencios encontraré, cuantos elementos naturales rozaré y respiraré en mi andar hacia arriba, es lo que he buscado; la sencilla manera de ingresar a un plano en la geografía que sea y admitir que existen enlaces, puentes entre nosotros y una energía que se mueve y toca a quienes pueden y quieren enfrentarse.
No hay premios materiales. Todo lo que se gana permanece en su sitio y la mejor forma de aseverarlo es regresar ...
La montaña en un símil de la vida, en mi caso, es un refugio donde se puede orar en movimiento. Alcanzar o no la cumbre, o más bien lograr lo que es el objetivo principal puede ser el sendero más cercano a encontrar una referencia interna, un punto de partida hacia la ordenación de convicciones y esfuerzos para el buen vivir. Podría caer en filosofías interminables y recurrir a cientos de análisis de por qué se hace esto.
A lo que iba, ir a una montaña no es sólo ascenderla es comprender de qué estamos hechos."
Juancerbero
|